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MUJERES LEEN A OTRAS MUJERES. Charla en la UNTREF

Libro publicado en el año 2010 donde pueden encontrarse los poemas leídos por Dri

Libro publicado en el año 2010 donde pueden encontrarse los poemas leídos por Dri

En el marco de los talleres extracurriculares que realizara la Secretaria de Extensión Universitaria junto con el Centro de Estudiantes de la Universidad de Tres de Febrero en el mes de octubre de 2013, fue posible realizar esta charla en la que convergieron distintas voces poéticas. Con la participación de María Teresa Dri como invitada especial, quien ofreció el relato de su experiencia y su trayectoria militante, el público también disfrutó de la lectura de textos de Susana Thénon, Irene Gruss, María del Carmen Colombo, Graciela Cros, Alicia Genovese, Estela Figueroa, y otros de generaciones más jóvenes como Leonor Silvestri, Victoria D Antonio y Melisa Papillo. La participación de los asistentes fue muy rica, se abordaron distintos aspectos de la condición de la mujer y tampoco faltó el pensamiento de los feminismos de las comunidades originarias, acompañados por las poéticas de Blanca Estela Colot y Liliana Ancalao.

Lo que se transcribe a continuación es la intervención de María Teresa Dri y la lectura de sus poemas. Con tiempo iremos publicando los audios de las leedoras que fueron Consuelo Fraga, Anahí Cao, Pamela Neme Scheij y Patricia Verón.

 

Hace quince años que vivo en Tres de Febrero. Les confieso honestamente que jamás en mi vida había pensado en publicar. Siempre me dijeron que escribía muy bien. Recuerdo cuando era chica, a una compañera le habían ayudado a hacer una composición, a mí no me ayudaron y me saqué  diez. Así que yo me puse ancha. Pero ahí quedó nada más. Cuando volví del exilio, porque fui monja y salí por un compromiso político a raíz de toda mi militancia en la época de López Rega, antes del golpe de Estado, en el 74, me detuvieron. En realidad me habían detenido ya tres veces. La cuarta no me largaron. Y salí por eso lo puedo contar. Salí tres meses antes del golpe. Estuve exiliada primero en Lima porque los países limítrofes estaban todos en dictadura, de modo que con un grupo de compañeros fuimos a Lima. Cuando el golpe, empezaron a detener brasileros, chilenos, argentinos, lo que fuera. Después supimos que era la operación Cóndor. De modo que yo con un compañero y un grupo de militantes de Lima nos pagaron el pasaje y me fui a Madrid. Allí anduve un poco en casa de compañeros, viviendo de lo que podía, aprendí con ese método yanqui a vender cosméticos, ese trabajo me habrá durado 15 días o un mes. Me fui de España a Francia. Les digo esto porque fue una experiencia  de refugiado que indudablemente cada uno tiene la suya y yo la puedo contar de modo que es un mandato interno que tengo de poder contarlo.

Cuando volví una madre de Plaza de Mayo que falleció hace poco, Laura Bonaparte, una mujer extraordinaria muy comprometida con los movimientos de mujeres. Ella me decía “mira, tenés que venir conmigo porque yo participo en una radio de las mujeres trans”. Una mujer muy polémica, y ella fue la que me dijo “María Teresa yo sé como escribís porque vos fuiste profesora de mis nietos y vos tenés que publicar”. Y el mandato lo hice interno. Así que volví a mi casa. Tenía un alto así de escritos que había traído del exilio, todos escritos a máquina en rojo, en negro, medio borroneados, y comencé a revisar para intentar armar algo. De modo que así salió el primer libro que tiene de autobiográfico pero muy mezclado en ficción aunque la columna vertebral del libro es autobiográfico. Todo esto para decirles porque comencé a editar. Y de este primer libro siguieron otros porque ese mandato interno de ser memoria, de luchar por la verdad y la justicia, continuó y este es el sexto o el séptimo. Está en la última prueba de galera, y se va a llamar  “Todo el asombro.”

Me di cuenta que a raíz de toda la militancia, uno va tomando conciencia después, uno va aprendiendo en la vida, yo voy aprendiendo permanentemente, fui tomando conciencia del rol de la mujer, como estábamos siempre en un lado absolutamente secundario y desconocido, para hacer determinadas tareas pero a la cabeza siempre los compañeros, no las compañeras y si había eran muy muy pocas. Todo eso causó discusiones y disputas pero bueno cuando fue el exilio o la prisión no importaba si éramos mujeres, hombres o mujeres embarazadas.

Cuando estuve en Francia tuve la oportunidad de hacer un curso de un año. En ese tiempo Europa estaba en otras condiciones de modo que como refugiada ese primer año a mí me pagaban el empleo por hacer ese curso, como si tuviese un trabajo. Digo esto por lo siguiente: durante quince días o un mes teníamos la oportunidad de hacer una experiencia en otro ambiente. Entonces con un grupo de compañeros franceses nos fuimos a Argelia. Éramos unas cuántas mujeres y la experiencia de Argelia nos conectó mucho con las mujeres argelinas pero en su país. Y les cuento dos hechos. Un matrimonio nos invitó a una reunión. Pero resulta que no había mujeres, eran todos hombres. Entonces me planté y dije yo no voy. Y había una que tenía muchas ganas de ir y divertirse y entonces fuimos. Las mujeres habían hecho la fiesta un día antes y la invitación que nos hacían a nosotras era nada más que con los hombres.

Luego, lindando el desierto, en un pueblo, nos hablaron de los famosos baños turcos y nos informamos bien como ocurrían y cuatro o cinco del grupo dijimos vamos. Determinado día para las mujeres y determinado día para los hombres. Les cuento que nunca vi mujeres más libres que ahí, pero completamente en cuero, nosotras también. Una libertad y una tranquilidad, en trabajar mutuamente, en masajes, en ver, en charlar. Además, ahí, se hacen los casamientos y los chicos no me acuerdo de hasta seis años podían asistir los varoncitos también. Entablamos relación con dos de las chicas para encontrarnos y charlar después. Saliendo de ahí, imposible encontrarnos con una mujer.

  • ¿Donde están?
  • En la casa. También depende de la ciudad. En la parte del desierto es distinto. Varía.

Otra invitación que tuvimos fue una cena. Nos invitaron a todos y fuimos. Toda riquísima la cena, pero no había una mujer. Los platos aparecían como por arte de magia pero éramos nosotras con los hombres.

  • ¿Dónde paraban?
  • Nos albergábamos en las residencias de campamento. Ahí empezamos a discutir la situación de la mujer. La experiencia en la militancia, la experiencia de cualquier mujer, chica adolescente y demás. Esa experiencia que para mí fue riquísima. Vuelvo y a empezar de nuevo de cero hasta que me encuentro con esta mujer que me dice “Mira María Teresa, vos sos memoria, vos tenés que escribir” y fueron saliendo los libros. Un día escribí esto y una mujer cuando lo escuchó me dijo “yo pensé que esto era para lesbianas” yo lo escribí pensando en la experiencia de Argelia. Dice así: “Volvieron a encontrarse las dos. Sara y Myriam. Las dos el rostro cubierto. / El perrito ya no estaba. / Las vi ascender, una al lado de la otra –Sara y Myriam- una llevaba un ramo de nardos, la otra el embarazo/No pude ver sus ojos, sólo adivinarlos. /Los soñé negros. /El atardecer era rojo./Sara y Myriam./Iban por una callecita estrecha, serpenteante./Ascendían, una al lado de la otra, el paso calmo, seguro, el rostro velado, el cuerpo al amparo de miradas indiscretas./Desaparecían y volvían a aparecer, en el zigzagueo que las llevaba a las alcobas./Como un deseo bien guardado se abría el susurro de voces y canciones, Sara y Myriam./La alcoba era su espacio, el lugar de todas las palabras./Plaza privilegiada donde no se necesita de un perrito para escuchar la voz fraterna de mujeres que comparten el secreto de noches, des-velos y la maravilla de los cuerpos, y descubrirse en nombres y pronombres./La alcoba era el refugio de sus cuerpos…la celebración del encuentro. (Sara y Myriam)

Les cuento cómo surgió. En Argel nos llevaron los compañeros a la colina, al reducto… como es que se llama. Durante la guerra de Argelia los franceses no pudieron entrar porque es una colina, un laberinto, y desde ahí fue la resistencia. Nosotros, como estábamos con los muchachos subimos. Así que una terraza se comunicaba con la otra terraza. Las mujeres viven adentro de las casas, la calle es de los hombres. De modo que las mujeres eran las conspiradoras, ellas tenían la voz de la revolución y la comunicación estaba entre ellas. Nosotros fuimos ahí justamente por ese tema. Era un lugar inexpugnable. Si en algún momento tienen la oportunidad de ver la Batalla de Argel, aparece en algún momento.

–    Vos estuviste en Argel en tiempos en que Argel había ya pasado. Luego se siguió desarrollando acá en lo que se llamó el plan Cóndor.

–           Si. Además vinieron para adiestrar a la argentina.

–       Por eso cuando mencionaste al plan Cóndor tuve la inquietud de preguntarte, ¿Las mujeres aisladas de la cuestión social, qué decían o cómo habían vivido? ¿Vos pudiste contactarte para saber cómo habían vivido ese proceso?

–   Muy poco y nada. Más eran charlas entre mujeres de las comidas, de las costumbres, de lo que hacen, de porque no pueden, el significado del velo. Además cuando yo estuve en Argelia no tenía ni idea de la operación Cóndor. Esta operación fue puesta en el tapete por esa gran mujer que se llama Stela Calloni. Pero se sabe, sí, que la mujer en la guerra de Argelia tuvo una gran actividad. Cuando volví del exilio en el 86 la verdad es que yo no decía muchas cosas, tenía miedo. Ahí sí que había miedo todavía a pesar de que estábamos en democracia. Incluso más, yo en el segundo año a través de una amiga y de un amigo estuve en el plan de lectura del gobierno de Alfonsín en la dirección del libro y como tallerista íbamos de a dos o de a tres a distintos pueblos del país con docentes, sociedades de fomento, escuelas, etc. Por qué digo esto, porque en un momento me tocó ir a Misiones, con una compañera habíamos organizado todo un plan para recorrer toda la provincia de Misiones haciendo talleres. Al poco tiempo en la feria del libro me entero ahí de que yo no iba a viajar, que estaba prohibida. Me puse a los gritos. La secretaria me dijo María Teresa por favor despacio. ¡No!.¡Es que quiero que se sepa! Por supuesto que fui a hablar con la directora, me senté enfrente y me dijo “querés decirme que estoy en contra de los derechos humanos”. No, no lo digo yo, lo estás diciendo vos.

Por eso, digo, las cosas se fueron sabiendo, se fueron escapando. Y es la responsabilidad que uno tiene de hablar, de hacer memoria, de dejar rastro.

  • ¿Pero te censuraban desde el gobierno de la provincia de Misiones?
  • Desde la Nación. Inclusive cuando renové el pasaporte lo detuvieron. Pero cualquiera hubiese sido lo mismo. Después de semejante dictadura, las cosas no se cambian de un día para otro. Y todavía tenemos coletazos.
  • La poesía que vos escribiste, desde la mirada de la María Teresa poeta y no de la María Teresa militante, ¿te sirvió para curar tu dolor, te sirvió para elaborar algo? ¿En qué creciste incorporando a esta María Teresa poeta?

Yo no sé si soy poeta. Me parece un nombre muy grande. Yo digo que soy escritora y que soy poeta cuando escribo, cuando estoy en la escritura. Después soy lectora. Tengo el placer de releer mis poemas pero no sé responderte así porque soy una persona que vivo con preguntas permanentemente. Para reelaborar yo creo que la escritura pero una serie también de otras cosas, la enseñanza, el tener que luchar, el tener que encontrarte con otros, es lo que a uno le fue ayudando a beber a tragar, a asumir.

  • ¿Y qué lugar ocupa dentro de tu vivencia la vivencia poética?

No sé, no me considero la gran poeta. Solo puedo decir que cada poema es un trabajo estético. Porque también creo que somos palabra, somos lo que decimos, la palabra nos convoca, la palabra nos dice y según el lugar que ocupe esta palabra, arriba abajo al costado con un espacio que se leen porque los espacios son silencio, ¿Cómo digo el silencio? Lo marco entre un verso y otro. Por supuesto que hay un trabajo. Desde mi punto de vista es un trabajo… Adorno decía “Después de Auschwitz la poesía no puede ser…” y este gran poeta Edmond Jabes, judío también, dice que justamente hay que seguir escribiendo. Yo creo que se hace la belleza del dolor.

  • María Teresa ¿querés leernos algo más? Si tenés ganas…

Cómo ganas, indudablemente… (Risas) Para seguir con el tema…este lo escribí…; hacía poco que había vuelto y no tenía dónde estar. Vivía de pensión en pensión hasta que estuve en vacaciones de enero que para mí no eran vacaciones, en la casa de una compañera de escuela, una maestra, que tenía serios problemas con el marido, el marido le pegaba, un genio en fotografía parece, justo en ese momento estaba viajando y entonces me dice Marinés (yo le puse Marinés) “Veinte conmigo así me haces compañía.” Una mujer maltratada, bien de clase burguesa, de modo que todo eso escondido y no hablar. Charlamos mucho, yo lo que podía decir, viste, de denunciar, de decirlo, porque es terrible el dolor de la mujer que lo oculta porque tiene que aparentar. Entonces escribí esto: “Eran los personajes de siempre pero hoy era distinto. No sabía por qué pero era distinto. Cerró el libro. Buscó papel y lápiz. Pasaría la noche entre palabras que se rechazan, se enamoran se hablan se silencian se pierden se redimen./ En la otra pieza estaba Marinés con sus telas, sus pinturas, sus pinceles, siempre con mucho rojo, con mucho negro, óleos, agonías y cenizas./Mucha mujer escapándole a la muerte./Ambas le iban dando cuerpo al silencio y al vacío./La noche era total./De pronto la puerta se abrió y se cerró./Marinés se sobresaltó/Lo huelo -gritó- con los ojos desencajados./ Y era como si el peligro se le dibujara en el cuerpo./ Y escondía su óleo demasiado rojo, demasiado negro, demasiada mujer escapándole a la muerte./ Desde la otra pieza: se abría una ventana. (Marinés)

 

María Teresa Dri nació en la provincia de Entre Ríos en el año 1933, en “esa querencia junto al Río Uruguay llamada Federación y que la represa de Salto Grande sepultó bajo las aguas.” Es destacada su labor en la investigación, la escritura, la lectura y la docencia, dejando en claro su compromiso en los movimientos de liberación. Amenazada por la triple A, en el año 74 es detenida y puesta a disposición del PEN. En diciembre del año 1975 es deportada y después de alguna estadía en Perú y luego en Madrid pasa a Francia con el estatuto de refugiada política. En París trabaja y  al mismo tiempo realiza estudios en la Sorbonne, en el Conservatoire des Arts et Métiers (C.2F) y en el Instituto Superior de  Pedagogía y obtiene el título de Formador de Formadores. La apertura democrática  marca su residencia en Villa Bosch donde retoma trabajos en la docencia, se incorpora a  SADE –capital- y más tarde a la filial de  Tres de Febrero. Allí edita sus libros de poemas, participa  en la elaboración de antologías  y coordina talleres literarios. Obtiene un primer premio por el libro: “Se pronuncia el silencio” en el año 2002. Su último libro “Todo el asombro” fue publicado en el año 2014 por Ediciones Patagonia.