Archive for 6 abril 2014

CHARLA CON CLAUDIA MASIN

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En el marco de Les Parau Parau, charlas sobre literatura y género, recibimos a Claudia Masin. Con una asistencia variada y muy participativa, luego de leer su texto inédito “De cómo se produjo el silencio y qué cosas guardaba”, se inició la charla. El eje central de lo conversado fue la mujer, la poesía y la infancia.

 

GRAFITO

Una noche de luna llena, en la hamaca del jardín,

están sentadas. La madre canta una canción

que repite y repite, podría decirse hasta el cansancio,

sólo que la hija no se cansa: se encanta, se duerme.

Desde esa noche, para la hija, escribir

será escribir la pérdida de ese momento.

La escritura de la canción de la madre demora

el final de la canción misma. Las palabras

existirán para crear esa demora, un instante

suspendido entre la voz y el silencio. Y por eso,

la hija las escribirá con esa facilidad dichosa

con que sólo pueden hacerse

ciertas cosas imposibles.

 

En tus libros se siente la infancia y también el desarraigo. Tenés una óptica migrante, el recuerdo, el origen.

 Yo creo que al haber vivido hasta los 17 años en Resistencia, hay algo de mí que nunca salió de allí digamos, porque hay algo constitutivo que tiene que ver con esa etapa de la infancia o sea es el momento en el que adquirimos los olores, las sensaciones, la visión del mundo. Yo vuelvo mucho en los poemas a esa cuestión de la materialidad, la percepción que uno en realidad la obtiene de la infancia, con las primeras experiencias del mundo. Después aprende conceptualmente, aprende de otras maneras.

    Hoy nos está sucediendo que hay un hablar desde la comunicación en poesía ¿cómo juega esto con el elemento de desalienación que tendría el lenguaje poético?

 La entrada a las palabras es un momento muy traumático y muy complejo para todos y pongo el acento sobre todo en las mujeres. ¿Por qué? Y porque el lenguaje de la comunicación, el que usamos todos los días, el lenguaje que adquirimos en la infancia es un lenguaje muy hegemónico, es el lenguaje que tiene impresas como ciertas marcas no? Por ej, en nuestra sociedad el lenguaje capitalista patriarcal, heterosexual, es el lenguaje adulto.  El lenguaje comunicacional para mí ya viene dotado de todas esas intenciones, marcando jerarquías claras, no? O sea marcando conductas, hombre, mujer, negro, bajo, blanco. El lenguaje de la comunicación diaria, el lenguaje de los medios, el lenguaje con el que nos decimos cosas los unos a los otros y creemos que nos ponemos de acuerdo, creo que está basado en ese que nos fue enseñado. Esto está muy reforzado además en las mujeres, o sea, a todos los niños les es enseñado que ciertas cosas no se dicen pero las mujeres tenemos que tener un código de conducta impecable. Para mí la poesía hace otra cosa con el lenguaje; lo desarticula, disloca ese lenguaje de la comunicación, le va quitando en el mejor de los casos esas marcas y si no hace eso no sería un lenguaje poético. En eso soy muy tajante. Juanele dice que la poesía rompe la función comunicacional. Una poesía que no rompa con eso sino que lo reproduzca sin subvertirlo, no estaría haciendo lo que para mí hace la poesía, nos permite hacer algo con eso que nos fue impuesto, marcado a fuego. Nos descolonializa, es un movimiento muy fuerte.

 Sentimos al leerte una sensación de paz pero hay algo que molesta de lo que vas diciendo.  A algunos les dio la sensación de que es la aceptación de lo inevitable, pero hay un poema que dice “yo nunca me separé” o sea ¿Nunca me separé de mi infancia, me ato a los restos de sombra? ¿La voz poética se niega a lo inevitable allí? , ¿Eso es lo que va impulsándola?

 Son interesantes ambas interpretaciones. Creo que van por dos lugares distintos. Lo último que decís tiene que ver con una rebelión a dejar las cosas como están. Por algo hay tanta vuelta a la infancia. Es también mi poesía una reescritura de la infancia. Como si dijera, no cuento las cosas necesariamente tal como fueron sino que introduzco  ahí las variaciones que puedo introducir. Allí entonces la cambio. Es como decir, no, no es verdad que el pasado no puede transformarse, la poesía puede hacer algo ahí. En ese sentido hay una no aceptación, como volver una y otra vez a ciertos lugares. Pero también hacer eso para poder finalmente aceptar.

 ¿La aceptación es la escritura entonces?

 Claro, el acto de escritura, pero para eso es necesario el acto de rebelión, te rebelas para poder soltarlo.

 Lo que transmite también es el agotamiento, el agotamiento de vivir porque esa cuestión de tanta armonía se vuelve agotadora, la voz poética parece querer encontrar algo y no lo encuentra nunca.

 Si, en eso totalmente me puedo reflejar. Quizá es como ese cansancio del motor, sin duda, hay algo que en la poesía, yo no podría decirte bien qué estoy buscando, tal vez tenga algún punto de contacto con eso que decía el poema que para mí es muy querido y muy cercano y es ese que habla de la curación, no? Algo de esto de curar y ser curado, quiera esto decir lo que quiera decir. Quizá algo de la búsqueda tenga que ver con esto y por supuesto es algo que no se agota, no se logra, no existe algo así como la curación total, pero si existe el ir hacia, dirigirse, quizá algo de eso hay y por supuesto siempre fallido.

 ¿Cómo fueron tus primeros contactos con los libros?

 Entre otras cosas yo por ejemplo tenía una biblioteca gigantesca a la mano. Mi papá era y es autodidacta y artista, fotógrafo y pintor que finalmente terminó dedicándose al comercio, pero era un gran lector. La lectura era para mí la actividad de la siesta, un tiempo de silencio, sin interrupciones, sin obligaciones,  y leía todo lo que cayera en mis manos salvo cosas que por frustración terminaba soltando porque no las entendía. El límite de lo que debía leer y no, según la edad, me lo ponía yo sola, entonces aprovechaba para saquear la biblioteca. Pero me encontraba con esta cosa angustiante de no entender, hasta que empecé de a poco con los años a poder llegar a esos libros.

 ¿Y cómo llegaste a la poesía?

 Había muy poquitos libros de poesía, uno era Gustavo Adolfo Bécquer, y no me movieron la verdad prácticamente nada. Pero para mí la llegada del discurso poético fue con un libro de narrativa, con una novela de Marguerite Duras, se llama “La vida tranquila”, que es la segunda novela de ella creo, una novela que escribió muy jovencita, a los veinte y pico de años y cuya traducción era de Alejandra Pizarnik y eso me cambió por completo de vida. Pensé “pero ¿cómo se puede escribir así?” mirá que yo ya había leído bastante, no? Pero claro, no me había encontrado con la poesía, con gente que pudiera escribir desde ese discurso que rompe con la comunicación.

 Pero en ese momento no pensabas tanto…

 No! En el momento simplemente pensé: “ah…se puede escribir así”. Como una habilitación.

 ¿Vos empezabas a escribir?

 Sí, yo escribía, tendría unos catorce años, una cosa así, y fue una sorpresa enorme. Después encontré algo de Katherine Mansfield. Cosas bastante indescriptibles. Tenía el diario íntimo. Todas estas cuestiones y me daba por intentar con la narrativa. Escribía cuentos que no merecen mucho recuerdo. Después, más adelante, vinieron otros autores que descubrí en la misma biblioteca como Bruno Schulz y recién después de ellos intente hacer algo parecido a la poesía.

 ¿Y en la escuela, qué te pasó?

 En el colegio secundario tuve en realidad el primer encuentro que me marcó en relación al hecho de poder pensar que podía dedicarme a escribir. Si es impensable, sigue hoy siéndolo en Bs As, imagináte lo que era en el Chaco de 1986, y además poesía…

 Ya estamos hablando de democracia…

 Sí, pero de una sociedad muy conservadora. Aunque el Chaco no es particularmente conservador,  a diferencia de Corrientes que es muy religiosa y moralista digamos, no por ese lado, sino porque era una ciudad muy pequeñita, muy aislada o sea, hoy ha crecido bastante y tiene una movida cultural muy interesante. Pero en ese momento no había siquiera una librería interesante. Estamos hablando de Resistencia. Habían cerrado el único cine que quedaba en pie. Era complicado.

 Ese no tener también está presente en tu poesía.

 Sí, era un mundo muy pequeñito y restringido y bueno, el primer encuentro  que yo tengo en el nivel secundario fue con una profesora que es poeta a la que me acerco y desarrollo una relación de amistad entrañable de muchos años que sigue hasta ahora y empiezo a través de las charlas con ella, que era muy particular, empiezo a pensar la cuestión de la escritura como algo que uno puede hacer, que puede dedicarse a eso, si bien yo después termino estudiando psicología y dedicándome al psicoanálisis unos años.

 Pero ¿Qué fue? ¿Un ejercicio? ¿La palabra?

 Fue escucharla, escuchar el amor que ella tenía por la literatura y como transmitía ese amor, leía en clase, nos contaba y nos hablaba de la necesidad de que abriéramos la cabeza, de que incorporaramos cosas nuevas, nos estimulaba a salir de un pensamiento provinciano, que no lo teníamos solamente por vivir en el Chaco.

 ¿Cómo se llama?

 Ana María Donato. Es también docente de la universidad del Nordeste. Ella fue la primera que abrió esa puerta.

 Con respecto al texto “Sobre la poesía de mujeres en el presente nacional” en el que planteas una diferencia entre lo racional y lo que tiene que ver con un lenguaje otro, con un pensamiento otro en donde ubicas a la voz de la mujer: a algunos de los asistentes a la lectura de tu poesía les pareció que ésta no rompe los marcos de lo racional, es una propuesta muy pensada, en dónde interviene siempre la reflexión.

 Bueno, habría que ver que consideramos como pensamiento. O sea, hay una cuestión que es medio complicada  porque si decimos también que la poesía o la escritura de mujeres no sería femenina si fuera reflexiva también pondríamos en un lugar extraño a las mujeres que sería que las mujeres no pensamos. Ese pensamiento nos llevaría en última instancia a poner otra vez el foco o el estereotipo de las mujeres como sensibles y los hombres como pensantes. Pero, un pensamiento que incluyera (que me parece que de ese habla Kristeva) a la intuición, me parece que no habla de ausencia de pensamiento o de reflexión en los textos escritos por mujeres.

 Pensamiento sensible le llamaría Juan L…

 -Sí, por ese lado lo pensaría yo. Y es verdad, hay mucha reflexión en mi poesía, es como bastante incluso hasta filosófica por momentos. De todas maneras, es interesante la lectura que hacen porque tampoco hay límites precisos, acá termina una escritura de tipo femenina y acá empieza la masculina…

 Cómo ejemplo antagónico se pensó por un lado a Bustriazo y por el otro a Girri…

 Yo pensaría también más en un Juarroz. Lo que pasa es que es complicado porque ahí también se puede creer que la escritura femenina sería meramente experimental o jugaría con las palabras y se iría del sentido y no me parece que sea por ahí lo que dice por ejemplo Kristeva, por lo menos como yo lo pienso, pero me parece que tiene más que ver con algo del orden de lo que vos decías, un pensamiento sensible, una posibilidad de pensar incorporando el cuerpo, la intuición, otras cuestiones que suelen estar afuera del pensamiento intelectual puro, ahí estaría más marcada la diferencia, no tanto si la poesía es experimental o no, de vanguardia o no, es más sutil y complejo.

 En realidad lo que propongo es una feminización en el sentido de hombres y mujeres. En el sentido que me parece que nos ha ido bastante mal con un sistema patriarcal, capitalista que es aplastante. Entonces, buscar reunirnos a partir de otra lógica que le podemos llamar femenina, feminizante, yo le llamo así pero podríamos llamarlo de otra manera no? Una lógica que no excluya lo sensible, que no excluya la diferencia, que no imponga por la fuerza, que no sea una lógica bélica sino de fusión, de empatía. Esa sería la idea que subyace en lo planteado en ese artículo no?  Y como ciertos poetas eso lo hacen jugar en sus textos. De hecho, Juan L es el ejemplo para mi más claro de todas esas características.

 Otra cuestión que también vale la pena destacar es la presencia de la madre en tu poesía. La madre como espacio al que uno siempre vuelve, no como una mujer que está ahí o que estuvo ahí sino como un espacio que siempre se actualiza.

 Bayelard habla de la infancia como un estado, no como un tiempo cronológico, sino como un estado que puede ser re-creado a lo largo de toda la vida y que ciertos momentos de la vida nos devuelven a ese estado de infancia, como un estado de sorpresa, de maravilla, de encanto con el mundo, de novedad, de que el mundo se nos aparece como recién conocido, flamante, esos momentos como estados de infancia. Y la madre  como un espacio al cual volver.

 La infancia no como rememoración…

 En realidad toda la re-creación que yo hago de la infancia tienen mucho que ver con lo mítico, con una invención. Hay por supuesto un montón de elementos que efectivamente sucedieron, pero quién puede decir de verdad cómo fue su infancia, son retazos muchos de ellos, contados por los otros no? Que te dicen “vos eras así… y vos hiciste tal cosa” o te muestran la foto. Yo personalmente tengo muy pocos recuerdos de la infancia y esto puede resultar paradójico porque, como ustedes dicen, hay muchísima presencia de la infancia en mis textos.

 Un mundo perdido que puede ser recuperado desde la palabra?

 M-Claro, es un trabajo arqueológico…

 

Claudia Masin nació en 1972 en Resistencia, Chaco. Vive desde 1990 en Bs As. Lleva publicados siete libros de poesía. Uno de ellos, “La Vista” fue Premio Casa de América Madrid. Textos suyos han sido traducidos al portugués, inglés y francés. Ha creado y coordinado junto a otros artistas los ciclos de poesía La musik y El pez que habla. Formó parte de las editoriales Abeja reina y Curandera. Coordina talleres literarios desde el año 2007.

 

 

 

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