CHARLA CON CONSUELO FRAGA

Congo (mayo 2012)

Cantito

la – muer – te

(y se acelera el ritmo)

la muerte para arriba

la muerte para abajo

(y otra vez se demora)

la – muer – te

Es la última cola

la hija ya se aburre

y mamá escucha

otra canción:

la – mer – te

por arriba y por abajo

y otra vez

y acelerado y suave

y demorarnos

todavía más

la hija quiere

que mamá comparta

el juego y se lo enseña,

chocan las manos

y la hija canta:

la – muer – te

Eco

que la araña te quiere atrapar

corre que la araña

te atrama

que la madre te quiere sacar

la pelusa en tu solapa

oye que la madre

quiere acomodar

el cuello torcido quieta

te quiere abrazar

que la araña no puede guardar

de hoy para mañana

la necesidad

qué madre serás

dime ¿qué madre seré?

con su saliva te cubriré

licuaré tu cuerpo

para digerirte

no hay otro modo

en que pueda alimentarme

debes comprender

que la madre me atrama

-¿Cómo fueron tus inicios en el proceso que te llevó a la poesía?

 Hoy estoy reconstruyendo ese inicio porque estoy viendo cómo se comporta mi mamá con mi hija entonces me doy cuenta que todo empezó mucho antes de lo que yo creía. Por las rimas que le dice, por cómo le habla. Son cosas que yo había olvidado y tuvieron mucho que ver con el gusto por el lenguaje. Más cerquita, un grupo donde nos juntábamos con amigas al principio informalmente, tendría veinte-pico. Ahí entra Claudia Prado y amigas. Con ella hice taller unos cuántos años y fue la que me metió en el desafío de pasar de escribir por un gusto a asumirlo como un trabajo.

-¿Qué te llevó a visitar cárceles?

Un taller. Yo soy abogada. Cuando era estudiante con algunos compañeros nos unimos a una asociación que se llama “La cantora” que hace talleres y otras actividades buscando dar una palabra a quienes la tienen restringida. Ahí hicimos un taller que se llamaba de alfabetización jurídica y era supuestamente un espacio que permitía el debate y la puesta en común de estrategias y herramientas como para defenderse de la situación de estar preso y cosas relacionadas con eso.

Yo en ese momento no quería hacer un taller que tuviese que ver con lo jurídico. Quería hacer un taller de poesía quizás u otra cosa. Me intereso igual porque la propuesta de “La cantora” tenía que ver con buscar algo que ellos llaman la inteligencia colectiva y  un par de cosas que a mí me desafiaban porque yo generalmente estoy más centrada en los individual, en lo íntimo, en la mirada o recorte que uno puede hacer ¿no? Y construir entre varios estrategias de defensa no para una causa en particular sino para situaciones que estamos viviendo en común, eso adentro y afuera es lo mismo. Es difícil. Lo que escribí en el libro o la voluntad de escribir a partir de eso surgió cuando cambió el foco, mas adelante en el tiempo, no en los talleres. Creo que de la cárcel se ha dicho mucho y se ha escrito mucho y sigue siendo insuficiente.

-Una pregunta de cajón que siempre hacemos y que nos va a conducir un poco a hablar de tu poética: ¿pensas que hay una sensibilidad femenina o una mirada que nos diferencia de la escritura de los hombres?

El riesgo es la generalización con la que voy a empezar a empantanar.  Me resulta difícil en cuanto me ato a una cosa que digo acerca de eso o cualquier otra generalización. Pero así y todo hablando en borrador, me parece que las mujeres solemos percibir cosas relacionada con lo mínimo, con lo espiritual, con lo interno, con lo sensorial y esto repito es una gran línea gruesa y no pretende dejar a nadie afuera ni contradecir al varón que en su lado femenino o masculino hace esto mucho mejor que yo. Pero siento que, por ejemplo, en la mirada sobre la cárcel hay un discurso sobre ese espacio que es  masculino, inclusive el discurso que pretende denunciar y evidenciar cosas terribles, inclusive el que se ocupa de hablar de las visitas y de las situaciones. Y es diferente me parece. Desecha cosas mínimas.

-Lo que pudimos leer en algunos de tus textos, sobre todo en el libro “Stabat Mater”, es que hay una mujer que teje sus propias representaciones pero también hay una mujer que teje la misma repetición de las represiones en sus hijos. ¿Qué nos podes decir de esta mirada que tenes sobre la mujer? ¿Hasta dónde llega su responsabilidad en toda esta trama?

Me parece que en Mater lo que me pasó fue tratar de reconciliar esas cosas. Lo reconciliatorio tiene que ver con esto porque si uno no va a limpiar la herida, no se sana, si la tapas se pudre más. Desde el reconocimiento que uno en general dice “afuera esta todo lo malo” entonces en mamá voy a ver todo lo que no me gusta de la mujer y entonces la voy a masacrar, hasta decir pucha ¿qué hacemos con este paquete? y ahí bueno la araña fascinante…la araña teje su estrategia y esto no está ni bien ni mal. Hizo lo que pudo, yo hago lo que puedo y bueno, la responsabilidad ¿Quién nos la va a exigir? ¿Respondo ante quién? Si pienso en términos de responsabilidad, pienso en lo que no pude hacer.

-En el libro se ve como una crítica pero también como un dilema existencial humano, esto de anular una vida actuando endogámicamente…

Sí, sí, hay un poema que habla de eso, de cómo la araña te quiere atrapar, de cómo se comportan las madres, yo tengo esa sensación en el cuerpo, cuando te quiere sacar una pelusita… Y la araña, cuando yo escuche por primera vez eso de que a la presa le succiona todo lo que es el líquido y queda la carcasa del insecto… yo busco que sea una crítica y a la vez con este poquito de misericordia que es decir bueno riámonos un poco porque es lo que podemos hacer.

– Esta imagen ¿la constituís como algo consciente o te sale así porque es una pulsión?

Yo creo que sale, lo veo y lo dejo quedarse porque sino uno no lo pone en un libro. O sea el monstruo lo tengo que dejar salir.

-¿La literatura como una especie de catarsis?

 No sé si catarsis, la ventanita para que salga el monstruo, salga pero vestidito, que lo esté esperando gente…que digamos tenga un lugar en la sociedad…

-¿Cómo te arreglas con el lenguaje? ¿Es un problema para vos?

No, me llevo bastante bien. Me divierto. Cosa que no me pasa muy frecuentemente. Cuando encuentro un momento, me gusta corregir, me gusta buscar como quiero decir, pelearme con el desafío que me propone el lenguaje, a ver si se entiende o busco un efecto. Me llevo una cantidad de cosas que me dicen y que me enriquecen un montón. En cambio, por ejemplo, en lo jurídico no me llevo bien porque estoy siempre tratando de buscar una precisión, esa cosa que contemple como suena y no se trata de eso. Una quiere hacer un proyecto de una resolución con la misma pasión que hace un poema y no…

-Sin embargo pareciera que queres ser muy precisa en los destalles, hay algo de eso también en tu poesía. ¿Escribís indagando en el lenguaje? ¿Por  qué el inglés y el latín en los títulos?

Yo creo que está mezclado. Hay una preocupación. Lo que quizá me doy cuenta es que quiero que esta preocupación no excluya a nadie, aunque es imposible no excluir a nadie. Es un deseo soberbio. Pero en el libro “Cuaderno rojo”, que habla sobre el espacio de la cárcel, a mí se me planteó muy fuertemente este problema. De vomitar un exceso de experiencia: ¿Una tiene derecho a escribir  sobre cualquier cosa? Es una pregunta moral. Entonces ahí se mezcla eso. Por el tema de la intimidad sobre todo. En la cárcel aparecen cosas que son decibles y otras que no son decibles…

-¿Y qué marca la diferencia?

El que padece la situación soporta o no que se sepa. Entonces ese limite a veces lo respeto y a veces no tanto. Hubo una preocupación de alejarme de lo morboso y en otros poemas me relajé un poco y empecé a conectar, a hacer puentes con el lenguaje. De ahí ese poema del sueño lleva el título de Apocalipsis Now, o bien lo que decías del inglés o el latín que me vino de un pasado de chica de parroquia.

En el poema del cantito, por ejemplo, vi a la nena, creo que se llamaba Candela, y el cantito era así, tal cual. Y yo la veía a la madre a las doce en la cola de la requisa y me imaginaba su pensamiento. Una parte del tema de la visita es el encuentro íntimo. Tanta cantidad de mujeres es una energía sexual muy fuerte.

-Estábamos observando el tema de la polifonía. Haces referencia a la literatura infantil, al cine y a las distintas voces que van gestando una especie de trama de evocación y pensamiento en el decir. Y también esta idea de que la araña no puede evitar tejer. ¿Esto tiene que ver un poco con el hecho de hacer una obra?

Me gusta esa lectura. Me estoy posicionando en el mismo balcón que me acabas de proponer y estoy bien cómoda. Porque siento que lo de la polifonía básicamente viene del teatro, el trabajo en común. Yo en una época hice teatro. Tuve varios roles, como actriz, como asistente de dirección, participando de la construcción de escenografía. Ese tipo de construcción para un hecho estético me aportó un montón para la poesía, no solo por la cuestión de todo lo que confluye en el resultado sino también los mundos y las subjetividades que intervienen y como cada cosita que le pasa a cada uno termina influyendo en el resultado final.

Con respecto a esa propuesta de que la araña no puede dejar de tejer. Y capaz que no puede y esa es mi parte de decir, “está bien”, la araña se da cuenta que es parte de su identidad. Yo construyo la identidad con todas esas voces. Lo monstruoso es una de ellas pero también hay otras.

-¿Hasta qué punto le das importancia a la experiencia en la poesía? ¿Qué pasa con la ficción y lo biográfico? Hay una corriente que dice que la poesía no es ficción, porque el yo lírico está presente siempre, el yo lírico es visto como el yo del que enuncia, con lo cual es difícil establecer un límite entre ese yo y lo dicho, casi que se borra; en cambio hay otra corriente que dice que ya por el solo hecho de tener de mediador al lenguaje la memoria cae y lo que el yo lírico enuncia no es lo que vivió sino una representación, una ficción. ¿Vos como ves esto?

Me encanta porque lo primero que me apareció por la cabeza fue cuando empecé a hacer proyectos de resoluciones jurídicas: leía lo que decía la parte actora por ejemplo entonces decía “este tipo tiene razón, pobre tipo, mira lo que le pasó” y a continuación leía lo que decía el otro y “ay! no… yo estaba convencida de la posición A hasta dos segundos atrás y ahora me vino a arruinar toda la estructura”; entonces un poco cuando te escuchaba decir la primera, me gustaba y después la segunda también…. Me atraen las teorías en general, me gustan, me atraen porque son balcones para mí, entonces uno puede ir a visitar un balcón y explorarlo y ver y después seguro que en uno se siente más cómodo que en el otro pero yo siempre termino así: a ver, qué tiene este para ofrecer, y no me quiero perder de nada. En cuanto a la experiencia y lo biográfico hay una tarea muy seria que hacen los teóricos que yo no hago y no estoy formada en ese sitio y picoteo todo lo que puedo, todo lo que llega, pero con escasa seriedad y disciplina entonces sé que esta respuesta es así con alfileres. Desde ese lugar a mi me parece que el yo lírico es en cada poema algo distinto, no sé si hay un yo lírico que permanezca.

-Es como si el yo lírico no permitiese jugar…

Juega con sus reglas y las cambia cuando se aburre. Por eso lo liberador del espacio de la poesía: las cosas se construyen y caen. Son para “ese” poema o para “ese” libro. Algunas son más rígidas, otras más flexibles pero en un momento caen y se construyen otras.

-¿Y qué les da unidad entonces?

La voluntad de mantenerlas mientras una le sea fiel.

-¿Qué importancia tiene la poesía para el ser humano?

A mí me gustaría que tuviera tanta más. Pensado desde el deseo, para mí es como una gotita de bálsamo, ¿no? Si uno logra encontrar una conexión con lo poético es como una bocanada de brisa en un día como el de hoy, tan caluroso. Algo generador, algo que te conecta con lo más profundo tuyo, un cable a tierra. Que también puede ser lo que le pasa a todo el mundo cuando escucha una canción que le gusta, que lo conmueve…

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