CHARLA CON ESTELA FIGUEROA

estela figueroa

“A BUENOS AIRES TENDRÍA QUE IR CON UN ACOMPAÑANTE TERAPEÚTICO…”

Atropellada. Selectiva. Blanda. Inocente. Despiadada. Así se ve a sí misma buscando al poema por las calles quien fuese invitada por la cancillería a venir a Buenos aires y se preguntó ¿pero qué habré hecho yo? La última vez que viajó hasta capital fue por un reportaje a Bioy Casares. “Este país es bastante horrendo en que parece que todo transcurre en Bs As y no es así…” Estela Figueroa, dueña de una voz que se hamaca continuamente entre lo biográfico y los estados de una conciencia casi fantástica que agranda el tamaño de lo pequeño y nos invita a la percepción de aquello que en general no es mirado, latido primario donde despierta  el roce con la belleza que es al decir de Rilke el primer grado de lo terrible: “todo ángel es horroroso”. Estela no se olvida sin embargo  de ofrecer un escape, una vía siempre abierta de retorno a lo real que, en su poesía, es acaso una simple sensación o la mirada de una experiencia siempre apegada a la casa y sus alrededores.

 

LOS COMIENZOS

Contános un poco acerca de tus comienzos con la escritura, la génesis de tu escritura.                                                                                                     Provengo de una familia que cuando yo nací eran muy muy pobres porque mi viejo era militante del PC y entonces si no tenias el carnet no podías trabajar… llegó a ser secretario del  gremio de la construcción a nivel nacional y de alguna manera yo sabía, e incluso lo pienso ahora, que lo que a mí me iba a salvar era la inteligencia y escribir porque me iba a dar el lugar en el mundo que no tenia y en este momento me acuerdo de ese poema de Emily Dickinson que dice “es mi carta al mundo que nunca me escribió”; desde chica, a los 13 o 14 años escribí en la puerta de adentro de un ropero: Yo quiero ser escritora. Empecé como todo el mundo leyendo a Neruda, todos empezamos nerudiando y después seguimos vallejiando. Me acuerdo que al poeta peruano lo leía con una compañera del secundario y había cosas que no entendíamos ni por puta, por ejemplo cuando en un poema dice “es como si me hubieran puesto aretes” y mi compañera me decía “me parece que el tipo se siente que lo quieren ridiculizar”… Después tuve la fuerza de irme de mi casa a los 18 años; iba al instituto del cine que no servía para nada pero tenía una biblioteca fantástica, así que empecé a leer mucho y después algunos padres de amigas tenían buenas bibliotecas así que bueno…

Cuáles fueron los libros o los autores a los que estuviste más apegada en esos momentos. Te puedo decir que me impresionó mucho y aún me gusta, aun lo amo, Los siete locos….Samuel Becket, todavía recuerdo de memoria algunas frases de un libro de él, por ejemplo una que dice: cansado de mi cansancio, blanca luna postrera, único pesar, ni siquiera eso…Después empezó Virginia Woolf, Henry James, gente que todavía releo no?

Tu aproximación a la escritura fue en primera mano a través de la poesía o escribiste otras cosas. Siempre escribo poesía. Ocasionalmente he escrito algunos cuentos, un ensayo sobre la metamorfosis y amo el género del reportaje que practico, no? ¿Cómo entras en la literatura argentina? ¿Por qué autores, aparte de Arlt? Mirá yo recuerdo que me gustaba ir a verlo a Juanele Ortiz pero no lo podía leer salvo los poemas primeros porque Juanele era el gran drogadicto argentino aparte de un gran poeta entonces no le podía seguir el ritmo y a veces  recuerdo  que después de ir a verlo salía con una especie de euforia, tomaba unos mates con Juanele y salía pensando que todo era posible que yo iba a escribir…y era que Juan tomaba mate con anfetaminas entonces yo salía muy entusiasta de la casa de Juan y muy anfetada… yo no soy una gran lectora de poesía…me gustó muchísimo Zama y por supuesto Boquitas pintadas me dió vuelta la cabeza…

Te tiro algunos nombres y vos me decís: por ejemplo, Juan Gelman.                                                                                                                  

Mirá, nunca lo leí, salvo alguna prosa suelta para dar en clase porque los alumnos querían…

Bustriazo OrtizNo sé quién es…

Y saliendo de la literatura argentina, Silvia Plath…? Ah… por favor, de ella he leído la obra poética y la novela La campana de cristal que un poco narra cómo empezó el cuadro clínico de ella, es fabulosa…

Pizarnik? Eh…no, no la he leído…te digo una cosa, una vez saqué de una biblioteca una biografía de Pizarnik y pensé ¿Por qué tengo que leer esto? Leí dos o tres páginas y la dejé…No hay ningún decreto que diga que uno tiene que leer poesía argentina, y hablar bien de uno mal del otro. Yo no leo casi poesía pero soy fiel a autores que he conocido en mi juventud de los cuales como se diría vulgarmente me he nutrido y que a lo mejor eran malas traducciones, como ser Pound, Montale, Pessoa, aparte que eran lecturas comunes para todo un grupo  que seríamos cinco amigos más o menos. Para nosotros era una obra de culto El oficio de vivir de Pavese, los poemas de Pavese, las novelas…pero nunca me interesó estar al día ni en la literatura ni en la ropa…en este momento yo leo mucho sobre la vida de los animales, realmente me apasiona. Aparte te quería decir que por ahí con mis amigos, aunque muchos han muerto y quedan pocos,  yo soy como un monstruo sin tiempo, tengo amigos de 80 años y tengo amigos muy jóvenes, y con ellos no hablamos de literatura…

LA TALLERISTA  

Contános un poco de tu experiencia en la cárcel.

Te cuento, eso fue hace mucho tiempo, yo estaba en un área del ministerio de educación que se llamaba Promoción Comunitaria; entonces íbamos a escuelas muy, muy marginales y a mi me pidieron que si quería hacer un taller en  el recién inaugurado pabellón de menores de la cárcel de las flores y te digo que veces no dejaba de ser un motivo de angustia, porque en realidad el delito ha cambiado mucho, te estoy hablando de hace veinte años.  Todos los chicos que estaban allí era por problemas entre bandas enemigas. Tiros, chuzazos. Sólo conocí a un chico que en medio de un brote mató a toda una familia. El era del campo.

Los chicos conmigo fueron amorosos, yo les leía, les enseñaba a algunos a leer  y a escribir con el  scrabble,  porque yo no sabía alfabetizar y bueno ¿qué tenían en común? Que eran muy pobres porque en la misma época, otros que provenían de la clase media, cometían delitos grosos y bueno, el juez de menores se mostraba “muy comprensivo” y los hacía salir del país. En cambio estos pobres chicos iban a parar allí y estaban hacinados, te puedo decir que nunca me dió miedo estar con ellos,  siempre les tuve mucha confianza; en general eran semi-analfabetos, por lo tanto les leía y empezábamos a charlar y les preguntaba si alguien quería escribir algo, escribir era que me dictaban a mí, no? Y fue así como hicimos bastantes números de una revista.

Qué les leías? A ellos les gustaban las poesías de amor y copiaban pedacitos para sus mujeres; me acuerdo que yo tenía un libro muy berreta que era como el libro gordo de petete, una antología universal de la poesía y ese libro a  ellos les apasionaba y quedaba ahí…a lo mejor le pedían a algún guardia que les leyera cuando yo no estaba; y después este…me acuerdo que ese chico que era el único que había matado un día me dijo “Estela quiero hablar con usted”  él nunca había querido hablar ni con jueces ni asistente sociales ni nadie y me contó todo: cómo lo había hecho,  porque lo había hecho,  y me acuerdo que a la noche lo estaba pasando en limpio en mi casa y vomite porque era algo terrible.  No sé cómo es ahora ese lugar pero las cárceles son siempre una porquería donde los chicos salen peores de lo que entran pero aparte había otra cosa, esos  chicos que estaban presos querían salir en libertad pero cuando salieran los estaba esperando la muerte porque ellos habían matado a uno de tal pandilla y esta pandilla estaba esperando que saliera para matarlo…

Y esto te influyó  en la escritura, en los temas…notábamos en la lectura que hay muchos elementos por ejemplo de la literatura del terror…Yo me asusto  con la vida real…; la cárcel fue una experiencia personal, fue un trabajo y cuando me di cuenta que no lo podía hacer más, dejé…fui quedando muy sola  allí, con los veinte chicos porque el psiquiatra ni aparecía,  la asistente social les tenía miedo porque le habían pegado una vez, la psicóloga tampoco aparecía…; tampoco yo sentía que era una experiencia limite porque los chicos conmigo eran buenos chicos, no eran monstruos….

¿Esa experiencia no influyó en vos como mujer que toma la voz de la escritura? Si influyó no me di cuenta, tampoco cambió mi percepción del mundo porque yo sé que a la cárcel van en general los que no tienen plata para coimear, los que no son millonarios van  a la cárcel, salvo que sean casos muy muy sonados, y que los chicos que van a parar allí son chicos de las villas pero eso yo lo sabía de antes, lo que si te puedo decir es que me conmovía en ellos la dulzura que podían tener, que yo creo que a mí siempre me mostraron el lado bueno porque yo iba los lunes y ellos los domingos habían tenido visitas, entonces me guardaban galletitas, salamín, dulce de batata y no podía dejar de comerlo porque me daba cuenta que  era un presente extraordinario, no? que me guardaran algo de lo que sus madres habían llevado. Pero es una experiencia que no volvería a hacer.

PROFESIÓN: SUS TAREAS

Hace un tiempo hago collage que son cosas muy pequeñas y que me llevan mucho tiempo y he inventado personajes, una es Lulu que no tiene brazos porque la madre se olvidó de hacérselos y el otro personaje es un gato, el gato de mi hija mayor. Pero, bueno, eso lleva tiempo, ahora tengo pensado uno y capaz que me lleva toda la tarde y termino a la noche pero de todos modos  no creo que me vaya a hacer rica vendiendo mis collages.

La otra vez  me paso una cosa que me parece curiosa, dado como se vive ahora. Una chica que es amiga de mi hija, el marido de ella fue con mi hija a una escuela de arte. Y bueno, ella organiza el vernisage, se desvive cuando el marido hace una exposición, trabaja realmente muchísimo y todo para que se luzca él. Un día  me regaló un trabajo de ella que es maravilloso y yo que soy una hdp le dije: “¡pero esto es mejor que lo que hace tu marido! ¿por qué no lo mostrás?” Y mi hija me dijo: “mamá ¿qué querés, qué se separen?” pero realmente era algo precioso, una miniatura y ella se quedó así como con ganas de  esconderse y le digo: “mirá vamos a hacer una exposición así te animás” “¡ay -dice- sería una felicidad!”. Me pareció terrible que escondiera una producción tan bella.

¿Considerás que el hecho de ser mujer te marcó para escribir? Mirá, la verdad que a mí no me ha ido mal siendo mujer porque hice más o menos lo que quise hacer y pese a haber mantenido la casa, porque me separé cuando mis hijas eran muy chiquitas, siempre logré tener tiempo para mí, o sea que yo no creo en eso de que no pueda hacer porque se tienen hijos. A lo mejor ponía el despertador a las cuatro de la mañana  o cinco para tener esas  horas hermosas de silencio porque después empezaba toda la batahola de los desayunos,  el colegio. Yo siempre me hice tiempo para mí.

Qué cambios y evoluciones notas en tu escritura? Esto lo noto mas en un libro inédito que tengo, donde he usado la menor cantidad de palabras posibles para expresar una idea o sentimiento o como se le quiera llamar. Creo que en la forastera hablo mucho de mis hijas que hay como una nostalgia por la ida de mis hijas, y en este otro no, este otro lleva de título algo que ponía la cana cuando detenían a una mujer “profesión: sus tareas”. Me gusta mucho ese título, ahora si me preguntan por qué se lo puse,  no lo sé. En Santa Fe hay una  mujer que se le dio por analizarme. Ella trabaja para el CONICET. Ay!  ha escrito tanto sobre mí que yo un día le dije:  “Analía todos tus ensayos son diez veces más  de lo que yo he escrito”. No sé…   uno puede pensar algunas cosas, como que en mis primeros textos está el tema del doble, que en el segundo esta el tema de las chicas, de la ida de las chicas con las que no lográbamos tener una buena relación y que por suerte cruzo los dedos ahora se está dando. Nunca hubo una censura pero siempre me miraban como de costado. Ahora como que ha habido un pacto silencioso, estamos aprendiendo a respetarnos  más. Creo que las relaciones entre madre e hijas son siempre complicadas está el tema por parte de ellas de diferenciarse de mí,  pero si  de algo estoy segura es de que me valoran por mi trabajo con la literatura, que valoran mi generosidad para con ellas, que saben que pueden contar conmigo.  Una amiga me contó que entró en el facebook de mi hija menor, en el día de la mujer y ella  había puesto que saludaba a dos grandes mujeres: a Estela Figueroa y a Susana Trimarco. Eso me mató porque Susana Trimarco es el monumento a la madre.

Como construís la voz de madre en la literatura? Mis hijas son muy  importantes para mí y anoche tuve taller y llevé un poema de Montale sobre la felicidad entonces conté un estado de felicidad por el que yo había pasado. Fue como cercano al éxtasis. Después de tener a mi hija menor yo andaba por el centro, me acuerdo perfectamente la esquina donde estaba  parada y habían pasado dos meses del parto y sentí que me estaba viniendo la menstruación entonces sentí que en mi nada había quedado lesionado, que todo estaba volviendo a su ciclo no? Y lo único que pude pensar es tengo mis hijas y tengo mis padres y me pareció que eso se parecía mucho a la felicidad y fue un placer muy muy grande. Yo se lo conté a un amigo y me dijo y claro nunca ibas a decir “y tengo marido también”…

El otro día cuando estuvimos acá en casa leyendo tus libros en equipo y compartiendo lo que habíamos leído solas. Estábamos muy enganchadas con cómo construís el espacio interior de la casa, la realidad que está demarcada por el patio y teníamos curiosidad por preguntarte cómo surgía esto y por esa construcción del espacio interno, de lo intimo, la realidad adentro de la casa…¿cómo surge este espacio desde donde la voz del poema habla?  Mira no tengo la menor idea… yo creo que el que escribe no conoce mucho el mecanismo que se da en el momento en que escribe…la casa es una cosa vital para mí, la casa,  las plantas…una vez le preguntaron a Hemingway (que no me gusta,  pero sí la respuesta que dio) le preguntaron cómo escribía, como construía y ¡ay! dijo nunca lo pensé y si lo pienso en una de esas corro el riesgo de no poder seguir escribiendo…

¿Tenés ganas de leernos unos poemas tuyos como para escucharlos de tu voz…? Estela lee varios poemas, entre ellos “Vegetales” cuya génesis explica asi: Yo tenía la idea de que la erica antes de secarse larga un hijo. Tenía esa idea en la cabeza de forma recurrente, fui a Córdoba porque la forastera lo editó Carlos Ferreira. Bueno entonces les cuento que andaba con esa  idea y yo sentí que mucha gente andaba como hurgando en lo que yo escribía, no? Como que quería a lo mejor ver una segunda intensión, tener una interpretación de algo que uno ha escrito en un momento. Uno no ha estado totalmente consciente de lo que hacía porque  cuando yo escribo es como que alguien me dicta entonces casi no corrijo. Como decía Lope de Vega: mi reino es de este mundo pero también del otro, no?

¿Vos pensás que realmente hay una sensibilidad femenina? Yo creo que sí, y esto no implica que (no digo nada de los hombres) pero creo que hay una sensibilidad femenina que es más abarcativa…abarca más …abarca mucho…por ejemplo: yo me imagino a esa mujer que estaba en una celda y a veces a las madres las llevaban con los chicos (te estoy hablando de un campo de concentración acá), y a lo mejor  yo he vuelto sobre ese tema porque tuve varias amigas presas y escribí otro poema sobre el tema y una amiga me contó hace añares  (lo que pasa que las cosas vuelven tal vez ella ni se acuerde) y me contó que cuando en la comida  venía remolacha las mujeres que tenían hijos guardaban un poco de jugo. Estaban tan pálidas y tan demacradas que cuando venían los hijos a las visitas se ponían en las mejillas el jugo de las remolachas para que los chicos no se sintieran tan mal …

Y a partir de que mundos fluye esa sensibilidad femenina: el interno, el hogar, la maternidad, la mujer como una persona más dentro de la sociedad. Mirá, yo he hecho valer muy bien mis derechos  de trabajadora  en mi lugar de trabajo, incluso fui a hablar con mi rector (de esto hace añares) porque a los hombres les pagaban más que a mí y fui a exigirle que me pagaran igual; por otro lado no quiere decir que no haya hombres que también gocen de esas cosas, para nada, pero yo disfruto mucho arreglando las plantas, hay mucho de erotismo, de sensualidad depositada en todas  esas cosas, cambiando las cosas de lugar, cocinando, me gusta  mucho cocinar, cocinar es dar amor, no? es dar comida, también me gusta tejer,  o sea, me gusta abrigar…

Nacida en 1946 en Santa Fe, ciudad donde reside, Estela Figueroa ha publicado los libros de poemas “Máscaras sueltas” (1986, traducido al italiano) y “A capella” (1991). “La forastera” fue editado en la ciudad de Córdoba, con el sello de Ediciones Recovecos y el apoyo de la Secretaría de Cultura de la provincia de Santa Fe. Figueroa trabajó en talleres literarios con menores alojados en la cárcel de Las Flores —experiencia que volcó en la revista “Sin alas”— y publicó también “El libro rojo de Tito”, sobre un personaje popular de Santa Fe, y “Un libro sobre Bioy Casares”, donde compiló una serie de estudios. Actualmente dirige la revista La Ventana, que publica la Dirección de Cultura de la Universidad Nacional del Litoral y está  cargo de una antología de poesía argentina conformada por fichas mensuales con un poema que se distribuye en forma gratuita en librerías, bibliotecas, escuelas, etc.                 

Un extracto de esta charla fue publicado en la revista SUDESTADA, en el número de octubre de este año.

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